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Creencias Mágicas (Vol.1)

MANIFESTACIÓN Y "VISITA" DE LOS MUERTOS

Una de las experiencias extrasensoriales más difundidas en la región de Coihueco es la de las "visitas" o encuentro con las "almas" de los difuntos. El fenómeno conocido como "ánimas en pena", terminología indudablemente cristiana, tiene también —al igual que otras formas y prácticas culturales— un origen indígena-pehuenche. Estos estimaban que a los difuntos les sobrevive una especie de cuerpo astral, vaporoso, que a veces readopta la forma humana anterior y "vuelve" donde los suyos, mostrándose de nuevo en las inmediaciones de su casa y utilizando sus enseres.

Tanto los antiguos mapuches como los pehuenches percibían dicho cuerpo astral que se manifestaba alrededor de un año, toda vez acaecida la muerte. Ellos le llamaban am, noción que corresponde a la de "alma desprendida del cadáver", que posee los mismos atributos de personalidad propios del cuerpo anteriormente habitado. Para los indígenas del antiguo Chile Central y Sur, si el am no era capaz de transformarse en pellü, en "espíritu" más evolucionado, ascendiendo a una existencia futura mejor, se veía condenado a hostigar en su espacio familiar y deambular "molestando" a sus parientes anteriores. Tales percepciones empíricas del mundo indígena pasaron un tanto cristianizadas al sector rural y campesino del país.

El fenómeno se describe muy semejante en la actualidad. Sólo se ha olvidado "la doctrina de las almas" según nuestros padres mapuches y se han cambiado los nombres autóctonos. Según los campesinos de la zona, los recientemente fallecidos "avisan" su muerte a los amigos y parientes más cercanos a través de signos bien precisos. Uno de ellos es el ligado al anuncio de los animales domésticos. El canto del gallo en hora desacostumbrada, los aullidos prolongados de un perro, el decaimiento de éste y su súbita "pena" hacen pensar en la muerte de su amo o de alguien de la familia. Asimismo, cuando canta y emprende el vuelo una perdiz en pleno patio de la casa, pronostica una muy próxima enfermedad y muerte para alguno de los moradores. Así ocurrió, por ejemplo, según el testimonio de INÉS MORA CAMPOS, cuando murió su madre Clotilde. Esta misma anciana, y duarante casi un mes posterior a su fallecimiento, "molestó" a su hijo mayor JOSÉ MARÍA. Este la veía en "sueño", en esos estados de duerme vela, o bien solía escuchar su voz.

Otros informes hablan de visión ocular directa con la imagen "patentita" (vivida) del finado. Así lo relata el anciano viudo JOSÉ CLAUDINO URRUTIA LARA de Relbuncó:

"Mi señora se me apareció un día después de siete años de muerta. Me iba regresando pa' la casa cuando la veo en un claro de un bosquecito de lluvias (un tipo de arbusto) igualita que antes! Cuando me di cuenta que me quería hablar, me asusté y le quité loh ojo... "

Otra forma de manifestación usual de las ánimas que han tenido como característica común una muerte imprevista y más o menos violenta, es la de hostigar y revolver las frazadas de encima de la cama, asustando al nuevo ocupante del lecho. GERARDO RlQUELME, hacendado de Las Lumas, refiere que hubo un tiempo en que un finado lo acosaba todas las noches al momento de disponerse a dormir. "Me tiraba la tapa, me botaban las frazadas al suelo y como que alguien se me tiraba encima aplastándome". Relata que las experiencias desaparecieron cuando comenzó a perderle el temor:

"Cuando me fui acostumbrando, el miedo lo fui controlando y comencé a conversar con ellos; les hablaba. Un día comencé a retarlos hasta con garabatos. Ahí se cabriaron y no volvieron nunca más. Sólo que un día vi una bola de luz pequeña que se me vino encima. Pero no me hizo nada... "

Meses después supo que esa antigua casa por él ocupada y precisamente en aquel mismo lecho habían dado muerte años antes a tres personas. El fenómeno luminoso anexo a la "visita" se puede asociar a la "luz del anchimallén", signo de la presencia de los duendes aliados de origen indígena. Lo interesante del caso, como de los otros comunicados, es que el asedio desaparece al momento de cobrar valor y "palabriarlos" fuerte.

Otro de los clásicos sigos de preanuncio de muertes cercanas, es el golpe en la puerta por tres veces. El conocido vecino HERIBERTO QUILODRAN avisó a varios amigos con este sistema, en el momento exacto de su deceso.

 

    Comuna de Coihueco
     

   
   
 
   
   
   
   
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